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17-05-2008 |
| El Infierno Verde: Breve Historia de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay 1932-35 |
Un nuevo libro editado en Inglaterra resume los antecedentes respecto de la sangrienta guerra que, entre 1932 y 1935, enfrentó a Bolivia y Paraguay por la posesión del territorio conocido como el Gran Chaco o Chaco Boreal.
El territorio del Chaco Boreal fue motivo de tensiones desde un principio entre las jóvenes repúblicas de Bolivia y Paraguay. Ello debido a la característica ambigüedad con que la corona española trazó los límites internos de sus dominios coloniales americanos, que bajo el principio uti possiditis se transformaron a partir de 1810 en las fronteras de los nuevos estados independientes de Hispanoamérica.
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Antecedentes del Conflicto
Las tensiones entre La Paz y Asunción se agudizaron en 1870, tras la Guerra de la Triple Alianza, en la que Paraguay fue derrotado por Brasil y Argentina. Las dos naciones vencedoras decidieron recurrir al arbitraje del gobierno de los Estados Unidos, que en 1878 adjudicó el territorio del Chaco Boreal a Paraguay. Bolivia rechazó de inmediato ese fallo, dando inicio a una ofensiva diplomática en demanda del reconocimiento de derechos sobre esa área.
Tras la Guerra del Pacífico (1879-1883), que culminó con la derrota militar de Bolivia y Perú frente a Chile, La Paz debió ceder a este último su litoral, perdiendo la salida al Pacífico que tenía a través de Antofagasta. Esto aumento la frustración de las autoridades bolivianas e incrementó su interés en los territorios del Chaco Boreal, que incluía ríos navegables que posibilitarían una salida indirecta al Atlántico.
Otras tensiones entre Bolivia y Brasil, esta vez por el territorio de Acre, derivaron a principios del siglo XX en la llamada Guerra del Acre, donde inmigrantes ilegales brasileños se alzaron contra las autoridades bolivianas, exigiendo la independencia de ese territorio y su posterior anexión a Brasil.
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En realidad, la Guerra del Acre no fue más una serie de escaramuzas que, aunque muy sangrientas, nunca constituyeron un choque mayor. Incapaz de enfrentar el poderío brasileño, La Paz firmó en 1904 el Tratado de Petrópolis, en el que cedió la Provincia del Acre. A cambio, y junto con obtener compensaciones financieras de Brasil, logró también el reconocimiento de derechos sobre el Chaco Boreal. Con este último acto, Brasil alimentó las pretensiones bolivianas sobre ese territorio, a la vez que se atribuyó parte del mismo, desconociendo así el fallo del arbitraje estadounidense que había aceptado en 1878.
A partir del año 1905 Bolivia comenzó a reforzar su presencia militar en el Chaco, estableciendo una cadena de fortines en la margen norte del río Pilcomayo y en las cercanías del río Paraguay. Esto tenía como objetivo el dominio efectivo del territorio mediante el control de sus únicas fuentes de agua potable.
Paraguay, absorbido por la inestabilidad interna, no reaccionó militarmente frente al aumento de la presencia boliviana en el Chaco. Se mantuvieron los contactos diplomáticos, que dieron lugar a muchos intentos de salida negociada que no cristalizaron. Aunque Asunción rechazaba toda posibilidad de cesión territorial, sí ofrecía un puerto libre a Bolivia en el río Paraguay. Esto no era suficiente para La Paz, que junto con perseguir ventajas económicas también buscada robustecer el orgullo nacional, mediante la incorporación de la totalidad del territorio en disputa.
La situación se complicó aún más a partir de 1928, cuando la empresa estadounidense Standard Oil descubrió petróleo en el sector occidental del Chaco. Las reservas parecían extenderse hacía el Oeste, en territorio controlado por Paraguay, donde los derechos de explotación pertenecían a la anglo-holandesa Royal Dutch Shell. De ahí que su incorporación a Bolivia no sólo daría enormes ventajas a La Paz sino que también a la petrolera estadounidense.
Al contrario, de mantenerse la situación imperante en ese momento, Bolivia podría explotar sólo parte de las reservas de petróleo. Y, al no contar con una salida al mar, estaría obligada a sacar el crudo a través de Argentina, que de esa manera adquiriría un grado de control sobre su exportación. La misma situación explica el endurecimiento de la posición de Paraguay, que junto a los petroleros anglo-holandeses también buscaba maximizar sus posibilidades de explotación del oro negro.
Mientras predominaba una situación de sospecha mutua, ambos países comenzaron a rearmarse a partir del año 1920. Las tensiones escalaron a fines de 1928, cuando se produjeron enfrentamientos y la ocupación de fortines de ambos países, con un saldo de numerosas bajas. El hecho gatillo una intervención de la Sociedad de Las Naciones –la antecesora de Naciones Unidas- aunque sin resultados. La carrera armamentista no aminoró, pese al enorme impacto económico de la Depresión de 1929.
Los hechos se precipitaron con la elección en Bolivia del presidente Daniel Salamanca, un nacionalista extremo que veía a Paraguay como un país inferior y más débil. Con tres millones de habitantes, la población de Bolivia triplicaba a la de Paraguay, y su economía era también tres veces más grande, gracias a su bullente minería de Plata y Estaño.
Salamanca imprimió más velocidad al proceso de rearme boliviano, al tiempo que adoptó una política de constante agresividad contra Paraguay, donde el presidente Eusebio Ayala, presionado por los jefes militares, no tuvo más alternativa que el endurecimiento. Ayala también aceleró el re-equipamiento de las fuerzas armadas paraguayas, que en 1931 comenzaron a establecer una serie de fortines al oeste del río Paraguay, también con el objetivo de controlar las fuentes de agua potable del Chaco.
La tensa relación entre Bolivia y Paraguay quedo encauzada un conflicto bélico, y a partir de julio de 1932 comenzaron a tener lugar una serie de refriegas entre ambos ejércitos, consistentes en ataques y ocupación de los fortines y puestos de avanzada del otro.
La primera acción mayor fue la recuperación del fuerte de Boquerón, quetuvo lugar en septiembre de 1932,cuando 18.500 efectivos paraguayos atacaron la posición, que estaba defendida por 619 soldados bolivianos. Estos últimos resistieron durante tres semanas, hasta agotar por completo sus pertrechos y vituallas, inflingiendo fuertes perdidas a los atacantes paraguayos.
Conocida como la Batalla de Boquerón, este episodio es considerado el punto de partida de la guerra, aunque esta fue oficialmente declarada recién el 10 de mayo de 1933.
El conflicto se desarrolló con gran salvajismo, arrojando un balance final de 88.000 muertos de ambos bandos, incluyendo a la cuarta parte de los efectivos del victorioso ejército paraguayo. Sin embargo, para tener una idea de la escala del conflicto, es necesario considerar que Bolivia movilizó 250 mil hombres y que Paraguay movilizó 150 mil efectivos.
Ni Bolivia ni Paraguay quedaron conformes con el resultado del conflicto, pero aceptaron darlo por terminado, porque no podían continuar afrontando el desgaste de la guerra, con pérdida de vidas y un enorme impacto económico negativo. Peor aún, posteriormente se confirmó que no existían las añoradas reservas de petróleo en el Chaco Boreal, que habían sido parte de los cálculos que impulsaron a ambos países a la guerra. |
El Libro
La obra, publicada recientemente en inglés por la casa editorial británica Spellmount bajo el titulo de The Green Hell: A Concise History of The Chaco War Between Bolivia and Paraguay 1932-35, es el resultado de más cuarenta años de investigación del especialista irlandés Adrian English, el principal experto europeo en la historia militar y las Fuerzas Armadas de América Latina.
El texto describe con maestría el escenario geográfico del conflicto y sus orígenes, para luego relatar el desarrollo de las acciones militares y los entretelones políticos y diplomáticos de la guerra.
English correctamente señala a la mediterraneidad de Bolivia como una de las causas que precipitan el conflicto con Paraguay. Explica que el objetivo de La Paz era obtener una salida al Atlántico a través del río Paraguay, que constituye el límite del Chaco Boreal y que le conectaría con el océano, para recuperar así la salida al mar pérdida medio siglo antes en la guerra contra Chile.
La obra explica cómo y por qué la victoria fue de Paraguay, pese a ser el más pobre y más pequeño, en términos de población, de los dos países en guerra. Lo atribuye a la mayor cohesión de la sociedad paraguaya y a la superior calidad de su liderazgo militar, que era más profesional y que se adaptó con más rapidez a las demandas del conflicto, ganando así la iniciativa frente a la contraparte boliviana. Los combatientes paraguayos compartían una convicción de estar luchando por la existencia misma de su país.
Las fuerzas bolivianas, más numerosas y mejor equipadas, tenían comprometida su eficacia debido a las divisiones en su sociedad y a la incompetencia de la mayoría de sus líderes militares. Al respecto, English comenta que la única oportunidad en que estos condujeron eficientemente una operación fue en un golpe de estado contra su Presidente.
La obra también destaca la bravura y denuedo con que las tropas bolivianas combatieron a lo largo del conflicto, y muy especialmente durante la fase de guerra de trincheras y de expulsión de las fuerzas paraguayas, cuando estas avanzaron en territorio boliviano en los últimos meses del conflicto. Al respecto, English señala que la Guerra del Chaco consolidó un sentimiento nacional boliviano, hasta entonces inexistente, entre las tropas de origen Aymará y Quechua.
English destaca las diferencias entre los jefes bolivianos y paraguayos. Uno de ellos es el general alemán Hans Kundt, oficial veterano de la 1ª. GM que comandaba al ejército boliviano desde los inicios del programa de rearme en 1920, y que lo condujo durante la mayor parte de la Guerra del Chaco. Excelente como organizador y administrador militar, era sin embargo un pésimo táctico, que adhería ciegamente a los ataques frontales. Para empeorar las cosas, y pese a saber muy bien que el objetivo de los preparativos bélicos de Bolivia eran ocupar el Chaco Boreal,Kundt –quien condujo las operaciones desde la distancia- nunca se tomó la molestia de visitar y conocer el futuro teatro de operaciones.
Distinto es el caso del ejército paraguayo, cuyas operaciones en el Chaco fueron conducidas desde el principio por el teniente coronel José Félix Estigarribia. En la práctica, Estigarribia era el jefe del Ejército, ya que su Comandante en Jefe, el General Manuel Rojas, se abocó exclusivamente a organizar la logística y preparar los refuerzos durante el conflicto. Graduado de la Escuela Militar del Libertador Bernardo O’Higgins de Chile y de la Ecole Superioeur de Guerre de Francia, este oficial había sido enviado anticipadamente a preparar las defensas en el Chaco, por lo que conocía muy bien esa región. Excelente conductor y gran táctico, Estigarribia supo ganar y conservar la iniciativa durante el desarrollo del conflicto, explotando los errores bolivianos con gran efecto.
También se destaca el aporte de la pequeña, pero muy bien organizada y eficiente marina paraguaya, que fue mucho más allá de mantener con sus naves el tren logístico que permitía aprovisionar y apertrechar a las fuerzas combatientes. Muchos oficiales navales suplieron la falta de oficiales en el Ejército, conduciendo brillantemente unidades de infantería en el frente de combate. El Arsenal Naval reparó y modificó armas tanto propias comocapturadas, recuperó vehículos, produjo distintos tipos de munición y también modificó munición de artillería para su uso como bombas de aviación. El servicio de Telecomunicaciones Navales no sólo aportó su personal especializado, que operó los sistemas de comunicaciones de las distintas unidades del Ejército, sino que además interceptó y decodificó las comunicaciones bolivianas, generando valiosa inteligencia que también fue clave para la victoria de las fuerzas propias. |
Las Intrigas
Otro aspecto interesante se refiere a los intereses externos involucrados en el conflicto, especialmente en lo referente a otras naciones sudamericanas. La mayor parte de las inversiones en el Chaco colonizado por Paraguay eran de origen argentino, por lo que Buenos Aires tenía intereses claros a favor de una victoria decisiva de los paraguayos, con el mayordaño y desgaste posible de Bolivia.
De ahí que el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas haya maniobrado siempre en función de ese objetivo, pese a ser el coordinador del grupo de naciones neutrales del Grupo de Buenos Aires –Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay- que intentaban poner fin al conflicto. Así, mientras su diplomacia se mostraba activa en procura de un cese de hostilidades, Argentina proveía ayuda clave al esfuerzo bélico paraguayo, en la forma de suministros de petróleo y munición. Ello con el fin de extender el conflicto, hasta que Bolivia quedará exhausta y no constituyese amenaza a sus intereses en el Chaco.
Buenos Aires sólo intervino decisivamente para poner fin a la guerra cuando se hizo evidente que los paraguayos habían alcanzado el límite de su capacidad, y la iniciativa comenzaba a ser tomada por los bolivianos. Al respecto, parece irónico que el canciller argentino Saavedra Lamas, que según English fue el “genio malvado” detrás del conflicto, que en ocasiones hizo ofertas de arbitraje a espaldas de las naciones del Grupo de Buenos Aires y de la Sociedad de las Naciones, haya recibido en 1936 el Premio Nobel de la Paz.
De los países miembros del Grupo de Buenos Aires, que intentaba detener el conflicto, Brasil, Perú y Uruguay se mantuvieron fieles a la neutralidad que su condición demandaba, aunque un puñado de uruguayos se unió a las fuerzas paraguayas. Numerosos oficiales y soldados argentinos sirvieron en las fuerzas paraguayas, especialmente con la caballería y la fuerza aérea.
Peculiar es el caso de Chile, cuyas autoridades habían estado en los años previos a la guerra muy predispuestas a favor de Paraguay, en la idea de que un conflicto con ese país mantendría a Bolivia alejada de toda idea o intención de recuperar su litoral perdido.
Sin embargo, Paraguay también era considerado en esa época como un estado dependiente de Buenos Aires, que entonces era visto desde Santiago como un contendor. Es por eso que inmediatamente iniciadas las hostilidades en el Chaco, las simpatías chilenas se inclinaron hacia La Paz. Así, Chile no sólo fue fuente y conducto de todo tipo de suministros para el esfuerzo bélico de Bolivia, sino que también un grupo cercano a 300 oficiales chilenos, además de un número no precisado de suboficiales, se unieron al Ejército de ese país.
English también se refiere a la presencia en el Ejército boliviano de un número importante de oficiales alemanes, además del ya mencionado general Kundt, lo que quizás podría explicar el entusiasmo de los militares chilenos por unirse a esa fuerza. En el caso de las fuerzas paraguayas, se destaca la participación de un número importante de oficiales rusos blancos, que se había refugiado en el país sudamericano a principios de los años veinte.
El Infierno Verde es una obra imprescindible para aquellos interesados en el estudio de la historia militar de América del Sur. |
Datos
- The Green Hell: A Concise History of The Chaco War Between Bolivia and Paraguay 1932-35
- Escrito por Adrían English y editado por Spellmount Publishers Ltd. de Chalford, Reino Unido, en noviembre de 2007.
- Edición de 224 páginas en empaste blando, en idioma Inglés.
- El precio de lista es 14.99 libras esterlinas británicas (GBP), pero está disponible en oferta en www.amazon.com por 10,99 GBP más costos de envío.
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