Terminada la lectura de los informes y balances, el Secretario de Estado sólo atinó a levantarse y exclamar: “Me da vergüenza como llevan la administración de la empresa y que los responsables estén al frente”. Dichas esas palabras, Goñi se retiró ante la mirada del propio comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile, General Ricardo Ortega, el Estado Mayor de la institución aérea, y el director ejecutivo de la empresa, General (R.) Mario González.
Pero la mala administración no es una cosa nueva en ENAER. Los balances de la empresa comenzaron a mostrar cifras en rojo hace años, y ya en el 2005 registró pérdidas ascendientes a 5 millones de dólares. La situación no mejoró ni siquiera con la llegada en el 2006 del general (R.) Carlos Traub. Honestamente comprometido a mejorar la gestión de la empresa, Traub decidió reorganizar la plana mayor de la empresa. Sin embargo, algunos meses después, el mando de la FACh decidió sacar de sus funciones a Traub, nombrando a partir de diciembre del 2006 al General (R.) Mario González, ex director de Personal e Inteligencia de la institución, en la conducción de la estratégica empresa aeroespacial. Apenas asumido, el nuevo presidente dejó sin efecto los cambios introducidos por su antecesor.
González prometió hacer otros cambios en ENAER, incluyendo la contratación de asesores civiles para administración y marketing, pero ello no ocurrió. Ya conformado la nueva plana ejecutiva de la empresa, los sindicatos de dicha empresa volvieron a alertar respecto de la mala administración y de las erráticas decisiones del nuevo directorio, que elevaron las pérdidas a 8 millones de dólares durante el 2007.
De acuerdo a observadores cercanos a ENAER, entre los errores cometidos por la administración de González se encuentran la contratación de gerentes en períodos breves como fue el caso de Alfredo Guzmán, que ocupó su cargo menos de seis meses; y en la gerencia comercial, por la que pasaron tres gerentes distintos en menos de siete meses. Otro error fue la eliminación de las gerencias de ingeniería y de calidad, que son clave en una empresa aeronáutica, y la creación de unidades de negocio que sólo contribuyeron a duplicar el costo de funcionamiento de la empresa sin generar ningún beneficio o retorno.
Todo esto pesó en la decisión del comandante en jefe de la FACh, quien recientemente solicitó la renuncia del General (R.) Mario González a partir del 31 de julio de próximo. El cambio ya fue informado a los trabajadores de la empresa mediante un mail enviado por el hasta ahora director ejecutivo.
En reemplazo de González asumirá el actual general Pedro Bascuñán, oficial activo que se desempeñaba como Director de Finanzas de la FACh, quien es Magíster en Administración de la Universidad de Chile. La costumbre es nombrar a un alto oficial en retiro como director ejecutivo, pero las graves circunstancias por las que atraviesa ENAER –y que han generado que algunos planteen la conveniencia de poner fin a la empresa- obligaron al General Ricardo Ortega a destinar a uno de sus oficiales jefes en el alto mando.
Una de las explicaciones de las pérdidas que tiene la empresa es el proyecto Eclipse. Bajo este proyecto, desarrollado en conjunto con ECLIPSE AVIATION de los Estados Unidos, ENAER fabricaría las secciones de nariz de los aviones ejecutivos livianos Eclipse 500. Sin embargo, el proyecto ha resultado un mal negocio, generando mermas de aproximadamente mil dólares por cada sección de nariz vendida.
El Eclipse 500 no es el primer proyecto fallido de ENAER. El Ñamcú, una avioneta deportiva desarrollada por la empresa en los años noventa, también fracasó pese al interés que la aeronave despertó en varios clubes de aviación civil de Europa, donde hasta se llegó a constituir EURO-ENAER, una empresa conjunta con capitales holandeses orientada a comercializar la aeronave.
La dirección de ENAER intentó cubrir las pérdidas generadas por los sobre costos de la producción de las narices del Eclipse 500, por la vía de subvencionar costos mediante ingresos generados por otros proyectos de la empresa y de la Fuerza Aérea de Chile. Es en ese esquema que se inscribe la decisión de la FACh de adquirir en Brasil una partida de aviones de entrenamiento y ataque ligero Super Tucano. El fondo de la decisión es que EMBRAER (Empresa Brasilera de Aeronáutica) ofreció integrar a ENAER en el diseño, montaje y fabricación del avión ejecutivo ligero Phenom 150, que no es otra cosa que el competidor directo del Eclipse 500.
El General (R.) Mario González vio en la asociación ofrecida por EMBRAER un salvavidas -que sacaría a ENAER de sus problemas y salvaría su imagen personal- y en consecuencia realizó un fuerte lobby a favor de los aviones de entrenamiento brasileños al interior de la FACh. Y la Fuerza Aérea, confiando en que esa decisión sacaría a ENAER de la espiral de pérdidas, optó finalmente por el Super Tucano en lugar del Pilatos PC-21 que había sido seleccionado por sus equipos de evaluación técnica.
Mientras las esperanzas de que la asociación con EMBRAER traiga días mejores son cada vez más débiles, al General Bascuñán le espera una muy dura tarea por delante. Por un lado deberá reorganizar y reestructurar el equipo gerencial de la empresa, lo que implicará despedir a muchos directivos y gerentes, a la vez que ubicar a profesionales civiles idóneos para reemplazarlos.
Por otro lado el alto oficial deberá decidir qué proyectos y rubros son rentables, descartando y cancelando de paso aquellos que no lo son. Y aún así, no habrá nada garantizado respecto del futuro de ENAER. Sobre esto último, gente cercana a la empresa recuerda que, aunque no trascendió al conocimiento público, durante la gestión del General Patricio Ríos como comandante en Jefe de la FACh se discutió la posibilidad de cerrar ENAER. La idea incluía reactivar en su lugar el Ala de Mantenimiento de la institución aérea.
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